top of page

NOCHES HIPERPRODUCTIVAS

  • Foto del escritor: Susana Gutiérrez Güemes
    Susana Gutiérrez Güemes
  • 22 ene
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 26 ene


Yo no sé si porque no puedo dormir se me amontonan los pensamientos (que me vienen a borbotones, literalmente) o, como se me amontonan los pensamientos, no puedo dormir. El caso es que (y cada vez me pasa más a menudo), justo cuando me acuesto, se me ocurren “las grandes ideas”, me vienen a la mente “los grandes cambios, los nuevos proyectos”, aparecen “las soluciones”.


En ese estado de duermevela, la ejecución de mi próximo cuadro es impecable. Los trazos fluyen solos, las ideas y los proyectos se plasman con nitidez, todo tiene lógica, todo encaja, incluso en la redacción de los pensamientos empleo las palabras exactas (esas que en mi día a día no me salen ni a la de tres), y entonces, como todo es perfecto, me concentro y repito y repito todo mentalmente para no olvidar lo que pienso. Pero con tanto trajín, con tanto vaivén de pensamientos (primero uno, luego otro, luego otro distinto, ahora de nuevo el primero y otra vez el segundo y así en bucle) y con esta memoria mía que tiende a desaparecer, finalmente siento el impulso irrefrenable de apuntarlo todo (por si acaso), me levanto vencida, y escribo de manera compulsiva.


Tengo que decir que ese “finalmente”, es pasadas dos o tres horas, y lo sé porque cada cierto tiempo miro el reloj (un proyector me refleja la hora en el techo) y como veo que corre sin control, me pongo nerviosa, cada vez más nerviosa, porque quiero dormir. No por nada, yo estaría encantada de levantarme y currar en ese mismo momento, porque no sé qué tiene la noche que es infinitamente más productiva en lo que a “creación” se refiere. Bueno, sí. Sí lo sé: que no hay las múltiples interferencias que te ocurren durante el día (” que tengo que sacar la lavadora”, “que tengo que llamar a Fulanito”, “que no llego a la cita con la galerista”, “¿qué se ha ido la luz?”, “¿quién puñetas ha empezado con obras? Así no hay quien se concentre” …). Hasta que, resignada, me digo: “Esta va a ser una de esas noches”.



Antes tenía el móvil en la mesilla para estos casos. Con cada idea que se me ocurría y veía que era buena, alargaba mi brazo derecho tanteando con la mano hasta encontrar ese infernal aparatejo que se ha convertido en una extensión de nuestro cuerpo (no estoy segura si forma parte del cerebro, si está integrado ya en nuestra psique o si es como otra extremidad -una tercera mano podríamos decir- o ambas cosas…). Retomo. Como digo, cogía mi móvil y tecleaba un breve titular en “notas” o, si quería explayarme algo más, me escribía en el chat de WhatsApp que tengo conmigo misma (¡qué gran invento!), pero desde que me dijeron que es malo dormir junto al móvil porque las radiaciones alteran el sueño, ya no lo dejo a mi lado, si no en la habitación contigua, con la puerta abierta (no sea que llamen para algo urgente) y entonces, cuando ya la cabeza me va a explotar entre la cantidad de cosas que se me ocurren y que las quiero retener (esa “lucha de gigantes” que diría el gran Antonio Vega), me levanto y me pongo a escribir compulsivamente todo en el ordenador.


Sigo teniendo una libreta (sustituyó al móvil en la mesilla), pero solo la uso para anotar titulares, porque con la mano no escribo tan rápido como me va la mente cuando pienso… y pierdo el hilo, no me sirve. Si alguna vez consigo que mano y mente vayan al paso, necesito hojas y hojas y con las prisas la letra se me va desdibujando tanto que luego me cuesta mucho entenderme. Nada, no es práctico.


Si quiero desarrollar algo más el tema para que no se me escape ni un detalle, definitivamente necesito el ordenador. Cuando esto ocurre significa “noche en vela” (“pufff “que diría mi padre). Por la mañana necesitaré doble dosis de concentración para hacer incluso las tareas más sencillas y rutinarias. Probablemente me deje la puerta de la calle de par en par, no encuentre la mitad de las cosas que, sin embargo, siguen en su sitio de siempre, o me quede absorta mirando las nubes a través de la ventana...pero “tranquila Susana, lo tienes todo apuntado. Misión cumplida”.


Entre tanto pensar y pensar hoy he pensado que voy a empezar a escribir un BLOG. Sí, buena idea.


Comentarios


bottom of page